Curso de sumiller en España: Desde el vino y por el vino

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Cooperatives Agro-alimentàries CV/CC BY 2.0

Una profesión en alza, mágica, enigmática y de servicio es la de sumiller. Es un profesional experto en la catadura de vinos, licores y bebidas espirituosas, el encargado en los grandes restaurantes de recomendar el vino adecuado para cada ocasión. Cada día más son los interesados en este apasionante aspecto de la hotelería. Muchos institutos en España están especializados en ofrecer algún tipo de curso de sumiller.

Quien quiera dedicarse a la profesión de sumiller, como objetivo laboral o para ampliar su cultura general y homenajear a sus invitados, debe entender las sutiles diferencias del vino y los licores, y es posible que no logre adquirir todos los conocimientos de esta rama en un solo curso, sino que precise, como la oferta de las academias, de varios módulos para ir completando su formación.

Existe la posibilidad de cursar estos programas de manera semipresencial o a distancia. No hay un requisito previo de ingreso. Lo que se necesita es la motivación, la paciencia y la constancia para asumir los conocimientos de manera plena y responsable, con respeto hacia la profesión y hacia la materia tratada.

El contenido general de un curso de sumiller

En la mayoría de los institutos que ofrecen estos cursos el contenido general no suele variar en demasía. Los módulos introductorios suelen girar en torno al nacimiento del vino, adentrándose en el elemento raíz de la enología: la uva (te invito a pulsar este enlace sobre información de la vid). Suelos, acidez de la tierra, latitudes, tipos de uva y procesos de fabricación, tiempo de añejamiento, maderas utilizadas y tipos de vino. Hay que comprender todo el proceso de creación de un caldo para apreciar en su totalidad lo que se ofrece al comensal.

Esos elementos de la enología, la ciencia de la fabricación y consumo del vino, son fundamentales en la formación del sumiller que será el encargado de lograr que la experiencia del consumo sea multisensorial. Un sumiller debe estar en la capacidad de garantizar al cliente el uso de tacto, oído, gusto, vista y olfato en el proceso de degustación no solo de vinos, sino de licores.

Para la aplicación de los cinco sentidos en la cata, los expertos sugieren que el sumiller tenga la suficiente cultura general para utilizar metáforas que permitan traducir las experiencias sensoriales en palabras. Saber describir será un elemento fundamental para quien haga un curso de sumiller y desarrolle esta profesión en una cena.

El servicio, punto de prueba de quien ha hecho un curso de sumiller

El momento cumbre, y de prueba, de quien realiza un curso de sumiller es el servicio. El momento en el cual descorcha el vino y lo presenta ante sus comensales. Debe estar en capacidad de seleccionar, en su bodega, el que mejor se adapta a los platillos que están disfrutando, y realizar todos los procesos para que el consumo del vino haga óptima la experiencia de su degustación.

Hay vinos que por su naturaleza requieren de un tiempo de aireación, de descanso en un decantador. Allí entra la función del sumiller cuando explica a los comensales todos los pasos que deben seguirse. Debe destaparlo, por eso el sacacorchos es su principal herramienta y un curso de sumiller explica paso a paso el uso adecuado de todos los implementos relacionados con el servicio.

Un aspecto que no debe dejarse de lado es la temperatura, otro aspecto fundamental del servicio de vinos. En los grandes restaurantes, la bodega es responsabilidad completa del sumiller. Debe garantizar el manejo adecuado, el almacenaje, la temperatura y la compra y reposición de los vinos.

Una profesión integral

Con todos los conocimientos impartidos en un curso de sumiller, el alumno egresado estará en capacidad de entender el complejo mundo del maridaje de platos y caldos, así como el servicio adecuado de otros tipos de licores. También podrá diseñar cartas de vinos de los restaurantes, aplicando las correspondencias según el menú principal.

Se trata de un apasionante mundo que tiene campo laboral no solo en tierra firme, sino también en los grandes cruceros que surcan los mares como auténticos templos flotantes de la diversión, el entretenimiento y el disfrute.